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Gestión del envejecimiento de la población trabajadora desde la óptica preventiva

La tendencia demográfica hacia el envejecimiento de la población está implicando cambios que repercuten en el ámbito laboral. Así mismo, algunas medidas tomadas en los últimos años, como el retraso de la edad de jubilación, contribuirán en un futuro inmediato a encontrarnos con una población trabajadora más envejecida.

Actualmente en España los mayores de 55 años constituyen un colectivo reducido de trabajadores y trabajadoras con unas peculiaridades propias. Representan, aproximadamente, el 12% de la población ocupada, aunque se trata de un porcentaje con una clara tendencia al alza, tal como se muestra en el gráfico, donde puede verse la evolución del número de trabajadores con más de 55 años ocupados en el sector industrial, por trimestres, desde 2013 hasta el segundo trimestre de 2016.

Fuente: INE

El colectivo de trabajadores de más de 55 años cuenta con una presencia progresivamente más elevada de mujeres. Además la mayoría de los ocupados de estas edades tienen un nivel de estudios bajo.

En un contexto europeo de envejecimiento de la población, la tendencia en estos momentos es promover el empleo y la formación, desarrollando un enfoque integrado, de acuerdo con los principios de envejecimiento activo y no discriminación por razón de edad. Concretamente, la “Estrategia Europa 2020 para un crecimiento inteligente, sostenible e integrador en la próxima década” determina el crecimiento general del empleo como uno de sus cinco objetivos generales para contrarrestar los efectos derivados del envejecimiento demográfico y poder mantenerse como un entorno competitivo.

El objetivo es alcanzar una tasa de empleo del 75% entre la población de 20-64 años. Para ello se requerirá un incremento tanto de la participación femenina como de la del grupo entre 55 y 64 años.

Quedan de esta forma obsoletas las políticas de índole asistencial, basadas en salidas tempranas hacia la prejubilación, la discapacidad, el desempleo o la asistencia social, propias de décadas anteriores.

Pero para que el colectivo de trabajadores de mayor edad pueda seguir formando parte de la fuerza de trabajo, sin que se vean mermadas sus condiciones de seguridad y salud y se garantice además la competitividad de las empresas, es necesaria una estrategia de intervención integral que tenga en cuenta estrategias formativas, preventivas, reparadoras, etc

Son varias las adaptaciones necesarias para garantizar un entorno y condiciones de trabajo seguras para los trabajadores mayores de 55 años, así como para garantizar su continuidad en el mercado laboral. A continuación se analizan tres de gran relevancia:

  • Adecuaciones ergonómicas: el deterioro natural del sistema musculo-esquelético convierte a los trabajadores de más de 55 años en un colectivo especialmente vulnerable ante riesgos de tipo ergonómico. Según la Encuesta de Salud de Cataluña del 2013, más de un 11% tiene alguna restricción de sus tareas habituales por motivos de salud. Con la edad, este porcentaje aumenta hasta el 20% en personas de 65 años. La mayoría de trastornos limitantes son de origen osteomuscular o cardiovascular. En función de los riesgos laborales, estos trabajadores podrían ser considerados como Trabajadores especialmente sensibles, por lo que será  necesario tener en cuenta este aspecto a la hora de evaluar el puesto, así como garantizar las adecuaciones que resulten necesarias en materia de ergonomía.
  • Formación: las políticas y programas de formación y recursos humanos deben adecuarse a las necesidades específicas de los trabajadores, tomando conciencia de que cada persona, en cualquier edad, piensa y aprende de manera diferente. Adicionalmente, la rápida incorporación de las nuevas tecnologías en el ámbito laboral, hace que los trabajadores de mayor edad puedan verse sobrepasados por la falta de costumbre en el uso de las mismas, lo que requerirá valorar la necesidad de impartir formación específica sobre el uso de las herramientas 2.0.
  • Promoción de la salud: el deterioro natural de la salud con la edad, hace que esta línea de actuación resulte especialmente importante para el colectivo de +55 años. Promover desde la empresa un modelo de vida saludable basado en una dieta equilibrada y la práctica de ejercicio, contribuirá a reducir los posibles efectos negativos del trabajo a lo largo de los años. Puede reforzarse además la Vigilancia de la Salud incrementando la periodicidad y exhaustividad de los reconocimientos médicos, incluyendo, por ejemplo, programas de detección precoz de determinados tipos de cáncer.

Resulta fundamental que las empresas tengan en cuenta en la gestión preventiva las características específicas de los trabajadores de +55 con el fin de que puedan trabajar en un entorno laboral adecuado a sus necesidades. Asimismo, deben aprovechar el valor añadido que estos trabajadores pueden aportar por su edad y experiencia, lo cual representa un capital humano del que no se puede prescindir.

Si estás interesado, puedes obtener más información sobre cómo gestionar el envejecimiento con un enfoque preventivo en la Guía para el abordaje del envejecimiento en la gestión de la prevención de riesgos laborales.

Equipo Full Audit.

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